Desde el Vomitorio 35

“Nunca es triste la verdad…”

Desde niño siempre me extrañó la palabra vomitorio en los estadios. Entraba en el Calderón,
subíamos por la escalera y buscaba los vómitos que explicaran esa palabra. Luego veía los
arbitrajes que teníamos y en mi lógica infantil todo cuadraba: ahora vomitamos todos. Pero por
más que me hacía el remolón al salir para ver si veía a alguien, pues nada. Incluso cuando nos
robaron una liga, nadie vomitó.

La verdad es que vomitorio no es una palabra muy común. Se sigue usando en estadios, en
algunos teatros e incluso en alguna plaza de toros. Y en realidad sí tiene que ver con la acción
de vomitar. Dice Wikipedia que el nombre vomitorium se deriva de los verbos vomere y
vomitare, que no sólo significan en latín vomitar, sino en sentido figurado lanzar o conducir
afuera algo. Por eso se usa en los accesos a las gradas que permiten acceder y desalojar
mucha gente en poco tiempo.

Han pasado los años y me encanta ver la palabra vomitorio. Cuando llego al Metropolitano y
veo mi vomitorio 35, respiro tranquilo. Significa que he superado las prisas, los atascos, los
aparcamientos, las colas de entrada y las colas de los baños. Subo por mi vomitorio 35, con la
mascarilla hasta arriba, y cuando entro y mientras hacemos tiempo hasta que los jugadores
salten y empiece el partido, siempre pienso: espero que hoy los árbitros no nos hagan vomitar.

La verdad es que ese pensamiento mío preventivo me molesta. Especialmente, cuando se
confirma. Me molestan mucho mis “se veía venir”. Peor es cuando llego a casa y me doy cuenta
de que mi ceguera me ha impedido ver la alevosía con la que algunos árbitros y amiguetes del
VAR, se recrean con nuestros chicos.

Pienso con determinación: “no hay que protestar”, “esto le pasa a todos los equipos”. Pero la
verdad es la que es. El equipo con menos faltas de primera es el equipo con más tarjetas
amarillas. Nos apalean en Europa con cierta frecuencia.

Cantaba Serrat que “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. La verdad no es
triste, para nosotros sería una alegría. Y puede ser que lo ocurrido ya no tenga remedio, pero
no tenemos que callarnos. Ni bajo el agua. Porque si no el silencio nos aplastará. Eso no
significa resignación, ni llorería. Significa resilencia y libertad de expresión y que no crean que
además estamos contentos.

El Atleti es resistir y no callar. Ah, y por supuesto hablaremos de libros, de series y de arte
desde este vomitorio 35.